Trazos

Fandango por una mariposa blanca

Fue la primera experiencia, la que dejo marcada mi memoria, cada gesto de mi cuerpo al bailar, era la prolongación de mi brazo la que se transformaba en color, cuando contemple los primeros trazos sobre el lienzo, las manchas tenían armonía y sugerencias, continúe bailando y pintando hasta perder el sentido de lo terrenal, escondido en abismos del placer y creación, pensaba de forma simultánea como bailar para desplazar mi cuerpo a la zona que el cuadro exigía, como provocar el trazo allí donde la pintura me marcaba, la música sonaba por Seguirillas, Farruca, Bulerías y Fandangos.

 

Por alguna rendija del estudio, entro una Musa y se poso sobre mí, fluía por todo el ambiente, inundaba mis sentimientos, baile y pinte durante toda la tarde, el cuerpo agotado, la mente loca y el alma llena, me senté frente al cuadro, un cuadro donde sus trazos bailaban en armonía, había bailado poseído por un ángel de colores, una danza nueva había nacido, un doble hallazgo en mi pintura, las dos artes hablaron el mismo lenguaje, yo me senté frente a él y lo contemple durante mucho tiempo, lo mire una y dos veces, mire cada parte del cuadro y en cada mirada, sus fragmentos bailaban para mi y yo baile con la mirada, hasta que llego la noche.

 

Candy Román